¿Por qué cada vez hay más miopes?

En los últimos años la cifra de miopes se ha duplicado en zonas como Estados Unidos y Europa. Sin embargo, en territorios como el asiático el incremento de miopes se ha incrementado de manera más significativa. Un ejemplo, en China, hace 60 años la población miope oscilaba entre el 10 y el 20 %. Hoy, en cambio, más del 90 % de los adolescentes y adultos jóvenes presenta  este problema. Creciendo a este ritmo, algunas estimaciones apuntan que al final de la década hasta un tercio de la población, es decir, 2,5 millones de personas presentarán este defecto visual.

El continente australiano tampoco se salva: se calcula que la cifra de miopes pasará de los 4 millones actuales a los 22 millones de afectados en 2050. Para el profesor y optometrista Kovin Naidoo, director de la entidad no gubernamental Brien Holden Vision Institute (BHVI) con sede en Sídney, estos datos evidencian que la miopía se postula como uno de los principales desafíos de la salud publica en el futuro.

Pero, ¿qué provoca la miopía?

El Presidente de la Sociedad Española de Miopía, Manuel Díaz explica que “la miopía aparece durante la edad escolar y suele empeorar gradualmente hasta que el globo ocular completa su crecimiento. Lo que causa la miopía es el crecimiento excesivo del globo ocular , el cual se vuelve más largo de lo normal. En caso de que el ojo llegue a medir más de 26 mm, o presente más de 6 u 8 dioptrías, entonces se habla de miopía patológica”.

Esa miopía patológica, añade, “aumenta significativamente el riesgo de sufrir cataratas, glaucoma, desprendimiento de retina y maculopatía miópica. Cabe recalcar que la miopía grave está entre las tres primeras causas de ceguera permanente en el mundo”.

miopia

¿Qué provoca este aumento de la miopía?

Hasta hace unos años se pensaba que la causa debía residir en el mayor tiempo que los niños dedicaban al estudio, algo que concuerda con la exigencia académica al alza de los chicos asiáticos. Ya en los años noventa se había establecido una correlación entre el tipo de educación y la miopía tras un estudio realizado con adolescentes israelíes escolarizados en las escuelas talmúdicas judías conocidas como yeshivot. En estos centros las horas dedicadas a leer son mucho más altas y también el índice de miopía. La asociación parecía consistente, a lo que se sumaban las muchísimas horas que los niños del siglo XXI pasan frente a las pantallas de ordenadores, smartphones y tablets. Sin embargo, los estudios acabaron por descartar que ese fuera el motivo principal.

La pista definitiva la ofreció en 2007 el optometrista Donald Mutti del Colegio de Optometría de la Universidad Estatal de Ohio que llevó a cabo una investigación en la que durante cinco años se estudió los hábitos de un grupo de más de 500 niños de 8 y 9 años de edad y con visión sana. Al finalizar la investigación, uno de cada cinco niños había desarrollado miopía. Destacaba un factor ambiental asociado: los niños afectados habían pasado mucho menos tiempo al aire libre que los demás.

El resultado se corroboró posteriormente en otra investigación dirigida por la experta en miopía de la Universidad de Tecnología de Sidney, Kathryn Rose, durante la cual el foco de atención fueron unos 4.000 alumnos de primaria y secundaria de la capital australiana. ¿Era la actividad física que llevaban a cabo los niños lo que les protegía de contraer miopía? No. Tampoco lo era el tiempo que esos niños pasaran las pantallas. O al menos no solo eso. El factor más concluyente resultó ser una mayor exposición a la luz brillante del día.

Los expertos concluyeron que “la luz solar estimula la producción de dopamina intraocular a través de las células amacrinas de la retina. La dopamina es un neurotransmisor que bloquea el alargamiento del ojo durante su desarrollo y se produce sobre todo durante el día. Se estima que si la iluminación es tenue, lo que ocurre en los ambientes de interior, su ciclo se interrumpe, lo que tiene consecuencias en el crecimiento de los ojos”.

Desde la Universidad Nacional de Australia en Canberra, Ian Morgan, investigador especializado en la miopía, estima que los niños necesitan pasar alrededor de tres horas por día bajo niveles de luz de al menos 10.000 lux para estar protegidos contra la miopía, una cantidad de luz similar a la que recibiríamos permaneciendo bajo la sombra de un árbol en día de verano. Para que lo entendamos mejor, el interior de una oficina o un aula que esté bien iluminada no supera los 500 lux.

¿Se han comprobado los beneficios de la luz solar a través de un experimento?

Sí, en 2009, Morgan se propuso probar si pasar más tiempo al aire libre ayudaría a proteger la vista de los niños chinos. Él y un equipo del Zhongshan Ophthalmic Center lanzaron en Guangzhou un experimento en seis escuelas seleccionadas al azar en las que añadieron una clase al aire libre de 40 minutos de duración al final de cada jornada escolar para los niños de seis y siete años; los niños de otras seis escuelas no tuvieron cambios en el horario y sirvieron como referencia.

De los más de 900 chavales que asistieron a la clase al aire libre, el 30% desarrolló miopía entre los 9 y 10 años, un 10% menos que los alumnos de las escuelas de control. En una escuela de Taiwán, donde se les pidió a los maestros que los niños permanecieran al exterior durante 80 minutos diarios, los resultados fueron mejores. Tras un año, los médicos detectaron miopía solo en un 8% de ellos, en comparación con el 18% de los niños que fueron diagnosticados en una escuela cercana.

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¿Qué más podemos hacer para frenar la miopía?

Gotas de atropina. “La miopía siempre tiende a progresar. Solo la frena la exposición a la luz solar y las gotas de atropina”, dice Manuel Díaz. Díaz es uno de los autores de un estudio científico que está a punto de ser publicado, en el que a lo largo de 5 años se ha podido comprobar que la atropina superdiluida (al 0.01%), aplicada diariamente por la noche, resulta también muy útil para ralentizar la progresión de la miopía. En el 80% de los tratados se consiguió frenar el avance de la miopía, que no aumentó más allá de las 0,25 dioptrías por año.

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