¿Por qué los niños dan volteretas y giran?

Seguro que alguna vez has mirado con incredulidad a tus hijos y sobrinos y te has preguntado, ¿pero por qué no para de hacer piruetas? ¿Es que no se cansa nunca de girar, dar vueltas y estar con la cabeza en los pies? La respuesta viene dada por la ciencia. Es necesario que se muevan todo lo que necesiten hasta que tengan desarrollado adecuadamente el sentido del equilibrio.

Para explicar mejor esta cuestión hemos querido recuperar un artículo, originalmente publicado en la revista First Steps de  Australia en la que su autora daba respuesta a todas las cuestiones anteriormente planteadas.

“El primer sentido que desarrollamos es el sentido del equilibrio. Es vital para la postura, el movimiento y el sentido de “centro” en el espacio, el tiempo, el movimiento, la profundidad y uno mismo”. Todas nuestras sensaciones pasan y están relacionadas con el sistema vestibular (el sistema del equilibrio) por ello el niño que se esté desarrollando sus sentidos los relacionará siempre con el sistema del equilibrio ya que todo para por él.

Si hablamos de un bebé el mecanismo varía un poco. Para un recién nacido percepción y movimiento son cosas iguales. Él no percibe un movimiento, un sonido y una sensación táctil como estímulos independientes, sino que todo es lo mismo. Sin embargo, para los bebés su lenguaje es la primera moción y cuanto más elocuente sea, más rápidamente desarrollará otras capacidades como la exploración, el desarrollo o la expresión.

¿Qué papel juega el equilibrio en este desarrollo?

La estimulación del equilibrio es una fundamental en el desarrollo del crecimiento del embrión desde su concepción. Después del nacimiento, el bebé sigue percibiendo sentimientos a través de todos los patrones de movimiento  a su alcance: estar acostado, arrastrarse, correr, saltar, rodar, girar, hacer volteretas,…

Gracias a todos estos movimientos se irán realizando conexiones entre el aparato vestibular y los centros superiores del cerebro. “El mecanismo de equilibrio, el cerebelo y el cuerpo calloso necesitan entre 7 y 8 años para mentalizarse; durante estos años, la estimulación vestibular es el ingrediente natural de cada juego del niño”. Y por ello, a estas edades, nunca dejará de hacer piruetas.

Estos movimientos irán aumentando progresivamente según el niño vaya creciendo y desarrollándose. Así, los movimientos de un bebé comienzan con la extensión constante de brazos y piernas. Estirando y contrayendo las extremidades, el bebé entrena la coordinación óculo-manual. A partir de los ocho meses empezará a rodar por el suelo sin un objetivo concreto aparente. Realmente está preparando su equilibrio para sentarse, ponerse de pie y finalmente caminar.

Es importante recordar que para un bebé, cuando él se mueve, el mundo se mueve con él. Si se detiene, el mundo permanece quieto. En el artículo se nos explica que “gatear es, pues, un puente importante, que le capacita para combinar el sistema vestibular, el propioceptivo y el visual por primera vez. El caminar no aumenta sólo la movilidad, sino que también permite mantener la independencia de las manos”. Ese movimiento y esa independencia de las manos se corresponderán con sus primero niveles de aprendizaje, que irá integrando progresivamente con otros sistemas para aprender a comunicarse. “Por lo tanto, durante los primeros años, el movimiento es el vocabulario primordial y el lenguaje está basado en el cuerpo. El control voluntario del movimiento sólo se puede desarrollar a través de la ampliación de los horizontes del movimiento”, explica el artículo.

 ¿Pero por qué continúan saltando y girando los niños cuando ya saben andar?

Los niños de 3 a 6 años que saltan, dan vueltas y ruedan continuamente mientras avanza por la calle están todavía aprendiendo a controlar su equilibrio de ahí que no paren nunca. El nivel más alto de control del equilibrio es quedarse quieto y puesto que aún no son capaces de hacerlos aún no han alcanzado el máximo control sobre su sistema vestibular.   Debemos comprender que la acción de No-movimiento requiere un trabajo conjunto de todo el cuerpo. Para que se realice es necesario que todos los grupos de músculos operen simultáneamente, sin ajustes continuos. Cuando esto se produce significa que el niño es maduro posturalmente hablando. Es capaz de mantenerse quieto. Por ello, los niños que no son capaces de esperar a que un semáforo cambie de color sin saltar a la pata coja están diciéndonos sin saberlo que su equilibrio todavía necesita práctica. Por ello, los niños seguirán entrando su control muscular, su percepción de la profundidad y su integración visual motora. “Hacer la rueda o hacer saltos mortales facilita aún más la separación del movimiento y otras sensaciones, porque sólo cuando el niño tenga control del movimiento podrá poner atención a otras experiencias”.

 

¿Y qué ocurre entonces con los niños con TDAH?

Los niños que presentan un trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad se caracterizan, entre otros síntomas por su incapacidad para estar quietos un instante. Son niños activos, dinámicos, inquietos. Entonces, ¿puede ser que no tengan un total control  de su sistema vestibular? Exacto. La hiperactividad y el déficit de atención pueden ser dos signos de inmadurez de la función del sistema vestibular.

Como padres, madres y profesores tendemos a pedir a los niños con este trastornos que se estén quietos, que se sienten bien en la silla, que no den pataditas al suelo,…. Sin embargo, recientes estudios han comprobado que los niños hiperactivos a los que se permite hacer vueltas durante 30 segundos en ambas direcciones, muestran un aumento de su límite de atención de 30 minutos después del ejercicio, lo que sugiere que necesitan estimulación vestibular para “poner en marcha su cerebro “.

En el artículo de First Steps se explica que “nuestros ojos funcionan desde el circuito vestibular del cerebro. Nuestros oídos comparten el mismo nervio craneal y el sentido del tacto está íntegramente vincular al sistema vestibular a través del movimiento de las células ciliares, que tienen los receptores localizados en la dermis de la piel. Si el movimiento es el primer lenguaje del niño, las sensaciones son el segundo. Sólo cuando la moción y las sensaciones están integradas, entonces podrán desarrollarse plenamente las habilidades del habla, la escritura y la lectura”.

Por lo tanto, resulta innegable decir que la primera lección que nuestros niños aprenden para estar concentrados es que tienen que estar en movimiento. Saltar, girar, dar volteretas y practicar piruetas de todo tipo antes de una clase hace que la  capacidad de atención de los niños más inquietos mejore considerablemente. ¿Por qué no empezamos a practicarlas con todos los niños antes de hacer nuestras tareas? Sin duda conseguiremos que sean los Einsteins del futuro.

 

Publicado en Artículos y etiquetado , , , , , , , , , .

Deja un comentario