¿Afectan los problemas auditivos al aprendizaje de un niño?

Sí. El desarrollo del oído humano es un proceso largo y delicado que comienza entre las semanas 4 y 8 de gestación. Cuando los huesecillos del oído medio se forman aparecen las conexiones con el sistema nervioso central (entre las semanas 24 y 28) y es en este momento cuando el bebé sintoniza los sonidos que se escuchan en el útero. En el nacimiento los oídos aún contienen líquido, pero a medida que este desaparece los oídos del neonato comienzan a recibir un gran número de frecuencias de sonidos. Desde ese momento hasta los tres años, el niño debe aprender a utilizar sus oídos. Será una etapa crucial para aprender su propio idioma y cualquier otro, ya que una vez pasada esta etapa los oídos dejan de “sintonizar”  y se hará más difícil aprender una segunda lengua.

Resulta especialmente importante vigilar que, durante esta etapa, no surjan infecciones frecuentes ya que podrían provocar una pérdida intermitente de oído que derivaría en un déficit auditivo. Este déficit podría dificultar posteriormente su aprendizaje ya que el niño puede, por ejemplo, no diferenciar correctamente los matices entre sonidos similares como g y j y por tanto las puede escribir igual.

Por otro lado, igual de limitante resulta el trastorno de la hipersensibilidad auditiva. Este síndrome hace referencia a la incapacidad de omitir sonidos irrelevantes, signo inequívoco de una audición poco desarrollada, que afectará al aprendizaje, al lenguaje, la comunicación y al comportamiento del niño.

La dominancia auditiva es otro elemento clave para el aprendizaje. Los niños que tienen como oído dominante el derecho tienen una audición más eficaz para recibir y transmitir sonidos del lenguaje, mientras que si la dominancia es izquierda el niño puede tener dificultades para ejecutar instrucciones verbales, ya que la vía utilizada para llevar la información es más lenta. La preferencia de oído derecho indica madurez en el desarrollo del lenguaje. Sin embargo, puede darse el caso de que el niño no presente preferencia por ningún oído, lo cual complica la situación ya que la información puede llegar doble al cerebro produciendo así problemas de inversión de letras, sílabas o palabras.

Finalmente debemos hablar de la hiperagudeza auditiva, que puede producir problemas de concentración, dificultad en el habla y limitaciones en las relaciones sociales. Se ha demostrado que los niños hiperactivos son hipersensitivos a sonidos de alta frecuencia lo que justificaría parte de sus síntomas.

¿Pero cómo puedo detectar un problema auditivo en mí o en mis hijos?

Los síntomas más frecuentes que nos indican que estamos ante un problema auditivo son:

  1. Periodos cortos de atención.
  2. Distracciones frecuentes.
  3. Hipersensibilidad a los sonidos.
  4. Baja comprensión de preguntas.
  5. Confusión de palabras que suenan similar.
  6. Confusión o inversión de letras.
  7. Mala lectura en voz alta.
  8. Faltas de ortografía.
  9. Incapacidad de seguir instrucciones verbales.
  10. Retraso en la escucha

Por todo ello, es evidente afirmar que el sonido es fundamental para el aprendizaje y que un buen estado auditivo está directamente relacionado con un aprendizaje fructífero.

Desde MiraDA no queremos dejar pasar la ocasión de recordarte que nuestro gabinete de expertas está a tu disposición para realizar una evaluación de tu procesamiento auditivo a ti y a los tuyos. No permitas que el aprendizaje de tu hijo se vea ralentizado por trastornos que tienen solución. ¿A qué esperas? Ver y oír bien son fundamentales para pensar mejor.

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